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El día que fuimos amigos.

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  Erase una vez una niña que tenía muchos amigos. Un día llegó a casa muy emocionada por algo que tenía encerrado en el puño y su madre le preguntó qué era lo que la hacía tan feliz. La niña llena de satisfacción fue abriendo la mano poco a poco y entre sus dedos sucios de tanto jugar, fue apareciendo algo que su madre intuía ser un manojo de hilos de colores todo enredado.   Su madre, algo confusa, insistió en saber qué era exactamente lo que tenía entre sus manos. La niña, que iba ampliando su sonrisa por momentos, dijo en voz alta y clara que se trataba de una pulsera de la amistad que le había dado su mejor amiga, pero que todo su grupo de amigos tenía una igual. La madre sonrió, pero no con una sonrisa de alegría o de felicidad, sino con una sonrisa de nostalgia y añoranza que su hija, debido a su corta edad no supo interpretar. Ven cariño mío, dijo su madre tras besarle la frente, acompáñame cielo. La madre cogió a la niña de la mano y la llevó hasta la entradita de la...

Entre la espada y la pared.

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Había una vez una palabra de siete letras. Esta palabra, que empieza por vocal, es una palabra muy poderosa. No surte efecto al decirla, pero sí al practicarla. Probablemente la conozcan, aunque seguramente pocas veces la hayan puesto en práctica. Quizás porque se nos olvida que existe cuando las cosas nos van "bien" o incluso porque estamos tan pendientes de nuestros problemas que se nos olvidan los de los demás. Usarla o no, no va a cambiar tu situación ni la del que tienes al lado, pero puede hacer más llevadera la carga. Esto puede parecer una adivinanza pero os aseguro que no lo es. No es tan difícil, probablemente algunxs ya sabréis de lo que estoy escribiendo. "EMPATÍA". A pesar de que mi estado de ánimo no es el idóneo, me esfuerzo por no dejar de socializar. Por ese motivo, me reúno frecuentemente con un grupo de mujeres (no puedo decir amigas ya que a todas no las puedo considerar como tal). Tengo que decir que no soy madre. Principalmente porque no tengo ...

Mi lugar idílico

  ¿No os ha pasado nunca querer despertar en un sitio distinto? A mi constantemente. No es que mi ciudad me aburra o mi vida sea infeliz, es que hay veces en las que yo no siento ser quien debo ser. Ahora mismo por ejemple, me gustaría estar en una playa paradisiaca. Sentarme en la orilla, escuchar el mar, sentir la brisa en mi cuerpo y notar el calor de los rayos de sol atravesando mi piel... Bueno, quizás necesite esa tranquilidad. Escapar a un sitio donde nadie me conozca y respirar. Simplemente respirar. Alejarme de la gente falsa que se alegran con tus desgracias y hacer como si nada malo pasara... Otras veces me apetecería estar al borde de un precipicio. No para tirarme, no estoy tan loca, si no simplemente para poder ver desde las alturas el firmamento. También podría valerme la cima de una montaña (aunque seguramente haga mucho mas frío). Por el contrario ahí no respiraría. Cogería solo una bocanada de aire. Una tan fuerte que me llene los pulmones para poder gritar tan al...

Penas y glorias

Algunos días pasan sin pena ni gloria. Al final a todo uno se acostumbra. De hecho es algo de lo que muchos hemos sido conscientes en el confinamiento. Nadie hubiese imaginado, ni en sus peores pesadillas que tendríamos que ver nuestro rinconcito de paz, nuestro hogar, el calor de nuestra familia como una cárcel. Y al final todos nos acostumbramos. Algunos lo pasarían peor, otros mejor, pero al final pasó. ¡Y todo queda ya tan lejano...! Yo misma tenía una rutina marcada en mi día a día para que se me hiciera más llevadero. Me levantaba, desayunaba, hacía la cama o el par de cosas que tuviera que hacer por casa y después me enchufaba al televisor a contar muertos con los del telediario. Los primeros días sufría mucho contando muertos, pero al final era parte de la rutina y ya no pesaba tanto como al principio. Después comía y me echaba una siesta (no he dormido tanto en mi vida). Me levantaba, merendaba y a eso de la hora de los aplausos me subía a la azotea a fumarme un par de cigarro...

El principio de los tiempos

Nadie que no lo haya vivido en sus propias carnes es consciente de la frustración que se siente al pensar que no sirves para nada. Yo me siento así ahora mismo y desde hace un tiempo ya. Siempre he pensado que es muy importante valorarse a uno mismo, y aunque yo sé todo lo que valgo, es desesperante ver como intentas avanzar y que no haya más que trabas en el camino. Nada va a cambiar porque yo escriba unas líneas en un blog que probablemente nadie leerá, pero al fin y al cabo sola me siento ante la comprensión de mis sentimientos. No porque no tenga personas a mi lado a las que crea que les preocupa mi situación, sino porque siento que nadie me comprende. Probablemente yo no me abro lo suficiente con esas personas, probablemente porque no sepa como hacerlo o quizás porque no es tan fácil como coger un espacio en blanco y vomitar. Un desierto es donde ahora mismo me encuentro y polar la temperatura de mi corazón. Mi intención no es darle lástima a nadie. Lo que quiero es mostrarle al m...