Entre la espada y la pared.


Había una vez una palabra de siete letras. Esta palabra, que empieza por vocal, es una palabra muy poderosa. No surte efecto al decirla, pero sí al practicarla. Probablemente la conozcan, aunque seguramente pocas veces la hayan puesto en práctica. Quizás porque se nos olvida que existe cuando las cosas nos van "bien" o incluso porque estamos tan pendientes de nuestros problemas que se nos olvidan los de los demás. Usarla o no, no va a cambiar tu situación ni la del que tienes al lado, pero puede hacer más llevadera la carga. Esto puede parecer una adivinanza pero os aseguro que no lo es. No es tan difícil, probablemente algunxs ya sabréis de lo que estoy escribiendo. "EMPATÍA".
A pesar de que mi estado de ánimo no es el idóneo, me esfuerzo por no dejar de socializar. Por ese motivo, me reúno frecuentemente con un grupo de mujeres (no puedo decir amigas ya que a todas no las puedo considerar como tal). Tengo que decir que no soy madre. Principalmente porque no tengo una estabilidad en estos momentos. No es que no quiera serlo. Tampoco me supone un gran trauma de momento, pero puede ser porque me estoy resignando a pensar que los años pasan y puede que no tenga la oportunidad de tenerlos. Por un lado me resigno, pero en el fondo me duele la idea de pensar que si no los tengo no sea por elección propia. Luego está la cosa del trabajo. La mierda mejor dicho. Eso sí está empezando a suponer algo más importante en mi estado de ánimo (por no decir salud mental). Ver que nadie te valora es muy duro, pero sobre todo ver cómo personas que no lo merecen o que valen igual o incluso menos que tú tienen esa suerte de encontrar empleo es frustrante. Esto no quiere decir que no me alegre de la felicidad de la gente, por el contrario que muchos yo sé que soy buena persona y que me lo merezco. Lo único que no entiendo es que a las malas personas les vaya bien. Pero eso es otro tema, al grano que me pierdo. En una de estas reuniones de sociabilizar, en un momento dado, me encontré en medio de dos conversaciones paralelas. En la de la izquierda estaban hablando de partos y de crianza (he de decir que la gran mayoría son madre). En la de la derecha de sus novedades laborales o de como organizar su vida en base al trabajo. Y en medio de ese caos verbal estaba yo. Nadie pensó que cualquiera ambas charlas podía causarme dolor. Nadie intentó cambiar el tema al notar que pasé más de veinte minutos sin articular palabra. Al fin y al cabo no puedes culpar a nadie por hablar de su vida. Buenas noches.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Mi lugar idílico

El día que fuimos amigos.