El día que fuimos amigos.
Erase una vez una niña que tenía muchos amigos. Un día llegó a casa muy emocionada por algo que tenía encerrado en el puño y su madre le preguntó qué era lo que la hacía tan feliz. La niña llena de satisfacción fue abriendo la mano poco a poco y entre sus dedos sucios de tanto jugar, fue apareciendo algo que su madre intuía ser un manojo de hilos de colores todo enredado. Su madre, algo confusa, insistió en saber qué era exactamente lo que tenía entre sus manos. La niña, que iba ampliando su sonrisa por momentos, dijo en voz alta y clara que se trataba de una pulsera de la amistad que le había dado su mejor amiga, pero que todo su grupo de amigos tenía una igual. La madre sonrió, pero no con una sonrisa de alegría o de felicidad, sino con una sonrisa de nostalgia y añoranza que su hija, debido a su corta edad no supo interpretar. Ven cariño mío, dijo su madre tras besarle la frente, acompáñame cielo. La madre cogió a la niña de la mano y la llevó hasta la entradita de la casa donde ella todos los días tiraba la mochila en el suelo al volver del colegio. ¿Ves esto de aquí? Preguntó la madre. La niña asintió un poco confusa mientras observaba un ramo de rosas blancas que su padre había regalado a su madre días antes por su cumpleaños. Rosas blancas y puras, siguió diciendo la madre. Rosas que permanecen juntas en un jarrón. Limpias, frescas, sin espinas. Todos los días mamá corta un poco los tallos y quita las hojas que se ponen feas. Cambia el agua con frecuencia y les echa una sustancia para que duren más, ¿verdad? La niña asintió con los ojos muy abiertos, pero un poco confusa por lo que le estaba diciendo su madre. Pues por mucho que mamá cuide las rosas, por muchos mimos que les dé y por mucha atención que ponga al estado de su agua, algún día las rosas se terminarán marchitando y muriendo. La niña miró a su madre con cara no estar entendiendo nada. Su madre sonrió de nuevo. Esta vez era una sonrisa de amor. Abrazó a su hija y le cerró el puño donde llevaba la pulsera. Guárdala con amor cariño. Algún día lo entenderás.

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