Penas y glorias
Algunos días pasan sin pena ni gloria. Al final a todo uno se acostumbra. De hecho es algo de lo que muchos hemos sido conscientes en el confinamiento. Nadie hubiese imaginado, ni en sus peores pesadillas que tendríamos que ver nuestro rinconcito de paz, nuestro hogar, el calor de nuestra familia como una cárcel. Y al final todos nos acostumbramos. Algunos lo pasarían peor, otros mejor, pero al final pasó. ¡Y todo queda ya tan lejano...! Yo misma tenía una rutina marcada en mi día a día para que se me hiciera más llevadero. Me levantaba, desayunaba, hacía la cama o el par de cosas que tuviera que hacer por casa y después me enchufaba al televisor a contar muertos con los del telediario. Los primeros días sufría mucho contando muertos, pero al final era parte de la rutina y ya no pesaba tanto como al principio. Después comía y me echaba una siesta (no he dormido tanto en mi vida). Me levantaba, merendaba y a eso de la hora de los aplausos me subía a la azotea a fumarme un par de cigarros que me duraban casi hasta la hora de la cena. Luego cenaba, me enchufaba a Netflix hasta que mi cerebro no podía más y así hasta el próximo día. Y eso 53 días seguidos. El primer día que nos dejaron salir la claridad me molestaba. Me había desacostumbrado a la luz solar. Poco a poco fuí recuperando (un pelín modificada) mi anterior vida. Ese tiempo encerrada también me dió para reflexionar y quise hacer algunos cambios (que yo creía positivos) en mi vida. Como por ejemplo dejar un trabajo en el que había estado mucho tiempo sin estar asegurada. Otra de las cosas por las que me dió fue por la escritura. Empecé un libro que, aunque aún no lo he terminado, pienso acabar en algún momento de mi vida y con suerte publicarlo o autopublicarlo o ir a la copistería del barrio a imprimirlo para que, con suerte, lo lea mi madre. Entre todo esto, tenía que hacer algo por mi futuro laboral. Un futuro que, muy a mi pesar, veo más negro que el sobaco de un grillo. Así que decidí poner a prepararme unas oposiciones. Y aquí me hayo, estudiando todas las mañanas una cosa que no me motiva nada porque no sé qué hacer con mi vida; pero que, con un poco (más bien mucha) de suerte, si apruebo al menos consigo un trabajo. ¿Porqué es todo tan complejo? Cuando éramos niños fuimos engañados. Estudia, decían. Si estudias conseguirás un buen trabajo. Si no estudias, terminarás siendo barrendero o basurero(se le oía decir a la mayoría de las madres). Quién tuviera un puesto en el ayuntamiento de barrendero... ¿En qué clase de sociedad nos hemos convertido si seríamos los más felices consiguiendo un empleo en Mercadona? Muchas veces pienso en qué he hecho mal...¿Porqué si yo sé que sirvo para hacer tantas cosas ninguna empresa me contrata? Puede que algunos penséis que estoy loca, quizás, como dije en el anterior post, esto lo lea como mucho yo (y por corregir las erratas). Pero estoy segura de que otros muchos, si lo leyérais, os sentiréis identificados con mis pensamientos. Mientras que encuentro mi camino, yo, seguiré escribiendo...🙋
Comentarios
Publicar un comentario